El 24 de junio, el norte de Venezuela fue azotado por dos poderosos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5, que causaron daños materiales directos de aproximadamente 19,600 millones de dólares. Sin embargo, se estima que el costo total de la reconstrucción podría alcanzar hasta 50,000 millones de dólares, según una evaluación preliminar del Banco Mundial. Este evento sísmico se ha convertido en el más mortífero en Venezuela desde 1812, dejando una huella devastadora en la población y la infraestructura del país.
Las cifras proporcionadas por el Gobierno venezolano son alarmantes, con alrededor de 5,000 fallecidos, 17,000 heridos y cerca de 18,000 personas que han quedado sin hogar. Las áreas más afectadas incluyen diversas localidades, entre ellas la capital, Caracas, donde se informan destrucciones significativas de viviendas y edificios. Este desastre no solo ha causado una pérdida de vidas, sino que también ha deteriorado gravemente las condiciones de vida en un país ya sumido en una crisis económica.
El Banco Mundial ha advertido que la grave situación económica de Venezuela, marcada por una pobreza superior al 76% y la migración de más de 7.9 millones de venezolanos desde 2015, se ha visto aún más agravada por este desastre natural. La evaluación sugiere que se necesitará una inversión significativa para abordar los daños y facilitar la recuperación económica, que ya era un desafío antes de los terremotos.
Susana Cordeiro Guerra, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, destacó que, sin inversiones adecuadas, no solo se complicará la recuperación económica, sino que también el nivel de vida de la población podría verse seriamente afectado. La evaluación incluye un estudio que detalla que el 47% de los daños corresponde a viviendas, el 27% a infraestructura y el 26% a edificios no residenciales, y el Banco Mundial continúa colaborando con las autoridades venezolanas para un análisis más profundo de los costos y la recuperación a largo plazo.
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