
La ingeniería genética aplicada a microorganismos busca convertirlos en sensores biológicos integrados al entorno de las plantas.
La biología sintética avanza hacia la creación de sistemas vivos capaces no solo de detectar señales, sino también de procesar información. En este contexto, investigadores iraníes junto con especialistas del MIT modificaron bacterias para que desempeñen funciones similares a las de los transistores utilizados en los circuitos electrónicos.
Cada célula bacteriana puede responder a determinadas moléculas y transmitir una señal hacia otro componente del sistema. La combinación de diferentes cepas permite construir circuitos biológicos capaces de recibir varias entradas y generar respuestas específicas, una estrategia que podría ampliar las capacidades de la ingeniería aplicada a organismos vivos.
Uno de los objetivos planteados por los investigadores es trasladar esta tecnología al ámbito agrícola. En el futuro, estos circuitos podrían utilizarse en las superficies de las plantas o en sus raíces para identificar señales asociadas con estrés ambiental, falta de agua o ataques de organismos perjudiciales, contribuyendo al desarrollo de una agricultura más precisa y adaptable.
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