El calcio y la vitamina D forman parte de una estrategia integral para conservar la fuerza ósea y favorecer un envejecimiento activo.

Cumplir años no significa necesariamente perder calidad de vida. Sin embargo, el organismo experimenta cambios que hacen necesario prestar mayor
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Cumplir años no significa necesariamente perder calidad de vida. Sin embargo, el organismo experimenta cambios que hacen necesario prestar mayor atención a determinados nutrientes. Entre ellos destaca el calcio, un mineral indispensable para mantener la estructura y fortaleza de los huesos.

La densidad ósea alcanza sus niveles más altos aproximadamente entre los 25 y 35 años y posteriormente comienza a disminuir de manera gradual. Por ello, mantener buenos hábitos alimentarios durante la adultez puede ser una herramienta importante para preservar la salud del esqueleto a largo plazo.

El calcio no actúa de manera aislada. La vitamina D facilita su absorción intestinal y también participa en el adecuado funcionamiento muscular, un aspecto relevante para mantener el equilibrio y disminuir el riesgo de caídas y fracturas. La combinación de una alimentación adecuada, actividad física y hábitos saludables forma parte de un enfoque integral de prevención.

Entre las fuentes alimentarias de calcio se encuentran los productos lácteos, pescados con espinas comestibles, algunas verduras de hojas verdes, tofu elaborado con calcio y alimentos fortificados. Para quienes tienen intolerancia a la lactosa o no consumen lácteos, existen alternativas que permiten alcanzar las necesidades nutricionales mediante otras fuentes.

Cuidar el calcio después de los 40 no consiste simplemente en tomar suplementos. Se trata de conocer las necesidades individuales, mantener una dieta variada y consultar con profesionales de la salud cuando exista riesgo de deficiencias o problemas de salud ósea.

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